
Sergio Mayer critica que no hubo sanción para Luis y Ese Pérez al tener contacto con el exterior
26 agosto, 2026
La tarde del miércoles 2 de septiembre, en una calle de Polanco, la Ciudad de México le recordó a Luis de Llano que hay cuentas que no se cierran con el silencio. Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana lo detuvieron alrededor de las 15:00 horas y lo trasladaron al Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social San Fernando, en Tlalpan. Ahí, el hombre que durante décadas fue uno de los productores más poderosos de la música y la televisión en México pasó la noche. No por un delito nuevo. Por algo más sencillo y, a la vez, más revelador: negarse a cumplir lo que un juez le ordenó hace tiempo.
Salió el jueves por la tarde, pasadas las 18:00 horas, rodeado de elementos de seguridad, entre empujones con las cámaras y sin dar una sola declaración. Su hijo, minutos antes, había resumido la escena con una frase que quedará en la memoria: «Descansado no está porque no está de vacaciones y no es un lugar para descansar».
La niña de 14 y el productor de 39
Para entender por qué esa detención administrativa se siente como un capítulo histórico hay que regresar a los años ochenta. Sasha Sokol tenía 14 años, era una de las voces de Timbiriche, el grupo infantil más importante del momento, y Luis de Llano tenía 39. Era su productor. Su representante. La figura adulta encargada de cuidarla —y de cuidar la carrera de todos esos adolescentes— dentro de una industria que nadie cuestionaba.
Sasha lo contó con sus palabras el 8 de marzo de 2022, y en La Columnaria dimos cuenta de cada paso de esa historia: cuando De Llano reconoció un romance asegurando que ella tenía 17 años y cuando ella anunció que se verían en los tribunales. En aquel comunicado, la cantante escribió: «Desde los 14 años quise creer que fui responsable de lo que pasó. Hoy comprendo que mi única responsabilidad fue guardar silencio».
Estuvieron juntos casi cuatro años. Él casi le triplicaba la edad; era un año mayor que su papá. Cuando su familia se enteró, la sacaron de Timbiriche y la enviaron a estudiar fuera del país. La distancia no cortó el hilo: él la visitaba, hablaban a diario. Porque así funciona el grooming: no con violencia visible, sino con afecto calculado, con la paciencia de quien siembra en una niña la idea de que fue elegida.
El «gran amor» y el retrato de la «vivida»
Y aquí está el nudo de esta historia, el que la hace tan incómoda y tan necesaria de contar. Porque Sasha, la niña que fue, no se sentía víctima: se sentía amada. Elegida. El hombre al que todos admiraban la había mirado a ella. Durante años, ella misma defendió esa relación frente a sus terapeutas y sus parejas: prefería creerse una seductora irresistible antes que una víctima. ¿Quién quiere ser víctima? Lo dijo ella misma en una entrevista con EL PAÍS: el abuso llegó disfrazado de afecto.
De Llano alimentó ese disfraz durante décadas. En marzo de 2022, sentado frente a Yordi Rosado, volvió a hablar de aquella relación, y sus palabras encendieron todas las alarmas. Cuando le recordaron que muchos veían a Sasha como una víctima, respondió con fastidio: «Me da mucha pena que, en lugar de hablar de Sasha por lo que es ahora, tengan que hablar de pobrecita niña. No es cierto, por favor».
Yordi insistió: ¿de verdad se habían enamorado? De Llano respondió: «Yo no sé si ella se enamoró de mí o no, pero yo sí estuve enamorado un rato». Dijo que fue él quien «de repente agarró un afecto» por ella, y lo explicó con una frase que resume toda una época: «¿Qué buscaban todas las niñas? Una especie de imagen paterna». Retrató a la madre de Sasha como «muy inteligente» y «alivianada», una mujer que según él lo sabía y lo toleraba —hasta que un día decidió: «No quiero que esté en tu casa más»—. Y aseguró que cuando Sasha «se desencantó», él volvió a ser «completamente profesional»: su romance, en su versión, duró seis meses. Ella sostiene que estuvieron juntos casi cuatro años.
Sin pronunciar la palabra, De Llano dibujó a una Sasha «vivida»: no la pobrecita niña de la que hablaban los demás, sino una jovencita que sabía lo que hacía, que se desencantó cuando quiso, con una madre que todo lo sabía, y un hombre que apenas «agarró un afecto» y acabó, en su propio relato, casi como la víctima de un capricho adolescente. Era la misma historia que, según contó Sasha, repetía ante otros adultos del grupo: «Ella me sedujo, yo no pude hacer nada». Ese retrato —el de la provocadora, el del «seguro tú lo buscaste»— es la losa que Sasha cargó durante 38 años. Y fue esa entrevista la que, según la propia cantante, derribó el caparazón de mentiras en el que había vivido casi cuatro décadas. Esa noche lloró; escribió durante nueve horas; y decidió hablar.
Lo que el reloj no pudo borrar
Cuando Sasha alzó la voz, en marzo de 2022, la vía penal ya no existía: el delito había prescrito hacía años. Por eso su batalla fue otra: una demanda civil por daño moral que ganó en 2023, cuando un juez reconoció que De Llano dañó su dignidad, su honor y su integridad física, psicológica y moral. El productor impugnó, y el caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en junio de 2025 confirmó la sentencia y negó su amparo, dejando asentado que hubo abuso.
Pero el fallo de la Corte valió por algo más grande que el caso particular: estableció un precedente histórico. Las víctimas de violencia sexual durante la niñez o la adolescencia tienen derecho a comprender, asimilar y verbalizar lo que vivieron —y a reclamar reparación— sin importar cuántos años hayan pasado. Es el reconocimiento de que el dolor no lleva calendario. Sasha lo había preguntado en voz alta: si el dolor no prescribe, ¿por qué habría de prescribir la ley? La Corte le respondió que no prescribe.
¿Por qué lo detuvieron? Dos órdenes que se negó a cumplir
Conviene ser precisos, porque los titulares pueden confundir: Luis de Llano no fue detenido por el abuso —esa vía penal prescribió— sino por desacatar la sentencia civil que ya es firme. La jueza del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México emitió dos medidas de apremio de 15 horas acumulables, y ambas se ejecutaron la misma tarde de septiembre.
La primera, porque De Llano se ha negado a grabar y exhibir ante el juzgado la disculpa pública que le ordenó la Corte. La segunda, porque tampoco ha publicado la síntesis de la sentencia donde se confirma su responsabilidad por daño moral. Dos tareas simples. Una disculpa y un papel. Ni siquiera eso ha cumplido.
El equipo legal de Sasha Sokol fue contundente: las órdenes «no son un hecho aislado ni sorpresivo», llegaron después de meses de multas ignoradas y requerimientos desatendidos. Y advirtió que, si el incumplimiento continúa, la conducta podría configurar un delito con pena de hasta cinco años de prisión. Mientras tanto, la defensa del productor calificó la detención de «ilegal y arbitraria» y promovió un amparo de madrugada que, hasta ahora, no tiene confirmación oficial de haber incidido en su liberación.
En los últimos meses, Sasha había vuelto a preguntar, con una paciencia que ya no le cabe en el cuerpo, cuánto tiempo más debía esperar. La respuesta de la justicia llegó en forma de arresto: mientras él siga negándose, ella no tendrá que esperar sola. Esa es la fuerza silenciosa de las medidas de apremio: no encarcelan por el pasado, empujan a cumplir en el presente.
El tiempo no la hizo culpable; la hizo libre
Hay una imagen que resume todo este caso. Una niña que creyó estar viviendo su gran historia de amor con un hombre poderoso, y que pasó décadas cargando la culpa de algo que nunca fue su culpa. Y enfrente, un hombre que, ante una corte, prefirió pasar una noche en un centro de sanciones antes que decir «me equivoqué» frente a una cámara.
La justicia de Sasha Sokol no llegó rápido. Llegó tarde, como llegan casi todas las justicias para quienes abusan del poder sobre los más vulnerables. Pero llegó. Y su ejemplo ya no le pertenece solo a ella: le pertenece a cada persona que tardó años en entender que lo que vivió se llama abuso, y que el reloj nunca estuvo en su contra. El tiempo no la hizo culpable. El tiempo, simplemente, la hizo libre.
*Este texto fue revisado por una inteligencia artificial (IA).

