
Masad confirmaría en video una “campaña de desprestigio” tras La Casa de los Famosos
14 septiembre, 2026
Hay imágenes que una temporada entera no logra borrar. La regadera de La Casa de los Famosos México 2026 guardó una: dos mujeres riéndose bajo el agua, con la promesa recién cumplida y media casa asomada tras la puerta de cristal con cara de quien presencia algo que no debería. Eso fue el domingo. El lunes llegó la subasta. Y con la subasta, la fractura.
Lo que parecía un pacto de compañeras —una de esas escenas que el público premia con cariño— terminó convertido en el pleito más comentado de la semana. Karina Torres encaró a Gema Garoa y a Ese Pérez, y dejó flotando una frase que ya se repite en todas las plataformas: si aquí se juega de manera individual, ella también juega sola.
Lo que pasó en la regadera: la risa que aún retumba
Para entender la magnitud del golpe hay que retroceder unas horas. Gema Garoa estaba en su segunda nominación de la temporada y, antes de saber si el público la mantenía dentro, hizo una promesa que sonaba a broma entre amigas: si se quedaba, las dos se bañarían juntas.
La promesa se cumplió el domingo, horas antes de la gala de eliminación. Ambas entraron a la regadera con traje de baño, entre risas y bromas que quedaron registradas en la señal 24/7. Del otro lado del pasillo, la curiosidad se volvió coro: Cynthia Klitbo, Yahir, Memo Schutz y Ernesto Laguardia se acercaron a observar, festejando la escena sin ninguna tensión: entre risas tocaron la puerta, gritaron y hasta cargaron a Ernesto para que alcanzara a ver por el cristal.
Nadie imaginó que esa sería la última postal feliz del grupo que se hace llamar Las Hienas. Al día siguiente, los alimentos se contaron uno por uno.
La subasta que dejó la despensa en el aire
La dinámica de la semana fue una subasta por inmunidad. Los habitantes pujaban con un porcentaje del presupuesto semanal destinado a la comida de toda la casa, y el más arriesgado se llevaba la protección. Gema Garoa ofertó el 100%.
La casa no aplaudió. Cynthia Klitbo soltó una frase sobre la ambición que en minutos se convirtió en meme, y Yahir pidió respeto cuando el ambiente comenzó a calentarse. Del lado de los furiosos, Ese Pérez insistía en que nadie se iba a morir de hambre; del lado de los ofendidos, el argumento era otro: nadie más levantó la mano hasta el tope.
Gema defendió su jugada con dos ideas. La primera: no fue su dedo el único en el aire, porque la puja fue subiendo mano a mano. La segunda: llevaba tres nominaciones seguidas y no pensaba quedarse quieta. “No fui yo sola. Todo el que levanta la mano va aumentándole: sesenta, sesenta y cinco, setenta…”, explicó, antes de recordar que el juego se trata de números y que ella podía dejar de cenar con tal de seguir en la competencia.
Karina no lo compró. Asegura que imaginó una puja más moderada, cercana al cincuenta por ciento, y que lo ocurrido le mostró el verdadero rostro del grupo: “Con esto me están demostrando que están jugando individual, y yo por eso tomo esa decisión”.
“¿Cómo pides algo que no diste?”: el minuto exacto de la ruptura
El momento más tenso no llegó en la subasta, sino después, cuando los habitantes abrieron las despensas y entendieron el tamaño del problema. Sin presupuesto para la semana siguiente, el grupo debía estirar lo que había durante dos semanas completas. Fue Yahir quien puso la línea: racionar los alimentos, salvo los insumos de la comida general —pollo, cebolla, jitomate— y administrar con lupa lo que se tenía.
Ese Pérez rechazó la medida por considerarla infantil y propuso que cada quien comiera libremente. Yahir respondió con números, no con dientes apretados. El cantante explicó que el problema no era el hambre de una noche, sino catorce días contando huevos.
Brianda intentó poner orden y empezó a repartir el jamón y el queso. Gema pidió que ese reparto se hiciera sin ella: no consume esos productos y prefería guardar su parte en otro tipo de alimento. “Yo no estoy aquí por esto. Agárrenlo, yo quiero huevos”, dijo, con la voz cansada de quien se siente juzgada dos veces.
Entonces Karina levantó el tono y pronunció la frase que hoy resume el pleito:
“La realidad es que si tú no pensaste en el cien por ciento, ¿por qué nosotros vamos a tener empatía contigo?”
Y en seguida la repitió como un eco que no da tregua: “¿Cómo pides algo que no das? ¿Cómo pides algo que no diste? ¿Cómo pides comprensión cuando no la diste en el momento de levantar la mano?”
La versión de Gema Garoa
Gema sostiene que no pedía comprensión para sí misma, sino que simplemente quería compartir lo que le tocaba. Repitió varias veces que estaba entregando su comida y que no le interesaba el jamón ni el queso. También reclamó lo que consideró una injusticia: las caras largas eran para ella, no para los demás que subieron la mano en la puja.
Cuando la presión aumentó, buscó salir del cuadro. Minutos después, ya en el patio, aseguró que volvería a apostar el cien por ciento y que no se arrepentía de nada.
La intervención de Ese Pérez
Ese Pérez intentó frenar el choque con una broma. Dijo que no venía a boxear y le pidió a Karina que no se enojara. Karina respondió que no estaba enojada y devolvió la pelota: fueron los que alegaron al entrar quienes tumbaron el ambiente.
Antes había lanzado una frase más filosa —que a Karina “le habían lavado el coco”— y recibió una respuesta seca: “Yo también estoy en la casa. Yo también como de aquí.” En medio del cruce, el creador de contenido insistió en que la producción jamás dejaría a nadie sin comer, argumento que Karina y Brianda desarmaron con la misma lógica: todavía no llegaban al peor escenario, y por eso valía la pena cuidar la despensa.
La explicación de Karina: “aquí ya se juega individual”
Lo que sigue es lo que más ha circulado de este capítulo. Ya con la voz más baja, Karina se sentó con sus compañeros y explicó por qué explotó. Su lectura es sencilla y dolorosa: Gema y Ese apostaron el presupuesto completo sin medir que otros —ella incluida— tendrían que administrar cada bocado. Racionar, dijo, no tiene nada de malo; lo que le molestó fue la asimetría. Pedir empatía cuando no se tuvo.
De ahí su conclusión: el juego empieza de manera individual. Si el equipo demuestra que cada quien juega para sí, ella no tiene por qué sostener una alianza que ya no la protege. El propio sitio oficial del programa tituló la escena como el momento en que Karina toma distancia y busca un nuevo bando.
Gema y Ese Pérez, del otro lado, sostienen que nunca quisieron provocar un pleito. Es la misma escena contada desde dos orillas: en una, alguien pone un límite; en la otra, alguien siente que se lo pusieron a ella.
Lo que esta pelea dice del juego (y de nosotros)
Los realities son máquinas de hacer visible lo invisible. La amistad se ve, pero también se ve el momento en que deja de rendir. Las Hienas nació como alianza de conveniencia y funcionó mientras todos sacrificaban lo mismo. En cuanto una apostó el cien por ciento por su propia supervivencia, el pacto se rompió por donde siempre se rompen: por la comida.
Y hay algo incómodo en la escena, algo que el público intuyó sin necesidad de explicaciones. Nos reconocemos en Karina cuando dice que no se puede pedir lo que no se dio. Nos reconocemos en Gema cuando defiende que jugar para uno también es jugar. Nos reconocemos en Yahir, contando huevos, intentando que la casa no se despedace por un plato de desayuno.
Lo que sorprende no es la pelea. Es la velocidad. Un día antes se reían bajo la misma regadera; al siguiente no se miraban a los ojos frente a la mesa. Y esa distancia de veinticuatro horas es, quizá, la definición más honesta de un encierro donde el cariño y la estrategia comparten habitación.
Falta ver si la amistad se recupera fuera de las cámaras o si, como tantas otras alianzas de la temporada, se quedará en la anécdota. Por ahora, la regadera seguirá siendo el recuerdo bonito. Y la despensa, el recordatorio de que aquí nadie come gratis.
*Este texto fue revisado por una inteligencia artificial (IA).

