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29 marzo, 2026
- En la segunda jornada del Tecate Pa’l Norte, la banda cierra de manera apoteósica con un recorrido de su historia musical.
Por Vicente Guerrero
Monterrey, Nuevo León.– Guns N’ Roses llegó con toda la artillería pesada de su legado musical para lanzar un rugido poderoso y vibrante al mundo desde el Tecate Pa’l Norte.
De pronto, pareció que el espacio frente al escenario principal del festival fue insuficiente para albergar a la audiencia multitudinaria que esperó todo el sábado para escuchar al talento de Axl Rose y el legendario guitarrista Slash.
Esa distante, pero eléctrica presencia del vocalista fue una esencia infaltable de la presentación estelar del festival más importante del norte de México.
El Parque Fundidora se transformó anoche en una catedral del rock.
Tras una jornada ecléctica que vio pasar desde el post-punk de Interpol el viernes, hasta el regional mexicano con Grupo Frontera horas antes, el escenario Tecate Light se encendió a las 23:25 horas para recibir a los pesos pesados: Guns N’ Roses.
Si algo marcó la velada fue el nulo interés de Axl Rose por entablar comunicación con el público, a diferencia de otros intérpretes que buscan el diálogo constante.
Axl optó por dejar que las canciones hicieran el “trabajo sucio” y con sobrada razón.
Con una lista de éxitos que arrancó con la legendaria rola Welcome to the Jungle, el vocalista se limitó a lo esencial en su interacción con los regios.
No hubo largos discursos ni anécdotas; hubo trabajo preciso y precioso.
Ese halo de misterio del vocalista fue solo un toque, ya que la magia estuvo más en la música.
Sin embargo, cuando las primeras notas de piano de November Rain resonaron bajo el cielo despejado de la Sultana del Norte, cualquier reclamo por la falta de palabras quedó sepultado bajo una ovación unánime.
Slash, inconmensurable con sus cuerdas, fue sin duda el as bajo la manga de la banda.
Si con Axl hallaron a un ser más reservado en el micrófono de voz, con Slash la atención se tornó hacia su música.
Sus solos extendidos y esa complicidad silenciosa con Duff McKagan sostuvieron el peso de un show que fue de una duración cercana a las dos horas.
La ejecución de los nuevos sencillos Nothin’ y Atlas —estrenados mundialmente en esta gira— demostró que la banda no solo vive de la nostalgia de Appetite for Destruction, sino que sigue buscando terreno nuevo.
El clímax llegó, como era de esperarse, con Sweet Child O’ Mine y el estruendo final de Paradise City.
A pesar de que Axl Rose no regaló muchas palabras, regaló su voz, que se mantuvo firme frente a los miles de asistentes que agotaron las entradas para este sábado.
Esa lección de rock puro imprimió con Guns N’ Roses una página dorada del festival Tecate Pa’l Norte y de la historia del espectáculo en Nuevo León para el planeta.
Fotos: Cortesía Guns N’ Roses

