
Julio Iglesias rompe el silencio y defiende su dignidad en un comunicado
15 enero, 2026
Durante décadas, Julio Iglesias alimentó su propia leyenda con declaraciones que hoy, vistas a la distancia, parecen regresar como un eco incómodo. Entre ellas, aquella frase que repetía con orgullo: que había estado con miles de mujeres y que, según él, podía “hacer el amor tres veces al día”, dicho siempre con picardía para reforzar el mito del seductor eterno. En su momento sonó a fanfarronería de estrella internacional, un guiño a la imagen que él mismo construyó y que el público celebró sin cuestionar demasiado. Pero esa narrativa, que antes se aplaudía, hoy se revisa bajo otra luz: la de los testimonios y señalamientos que han abierto un capítulo inesperado en su historia.
El cantante, que durante años se mantuvo lejos del escándalo mediático, vuelve al centro de la conversación por motivos muy distintos a los que lo hicieron famoso. Dos mujeres que trabajaron para él han presentado denuncias por hechos ocurridos en 2021, describiendo un ambiente laboral tenso y situaciones que, según sus relatos, cruzaron límites que ninguna relación profesional debería cruzar. La Fiscalía española abrió diligencias para investigar los hechos, un movimiento que marca la seriedad del caso y que coloca a Iglesias en una posición que jamás imaginó cuando presumía su vida de excesos. El artista, por su parte, rechaza las versiones en su contra y sostiene que los hechos no ocurrieron como se describen.
Lo que antes se interpretaba como parte del mito del artista —el hombre irresistible, el conquistador incansable, el símbolo de una masculinidad celebrada en su época— hoy se revisita con una mirada crítica. Aquellas declaraciones sobre miles de mujeres, que él soltaba entre risas, ahora funcionan como un antecedente cultural que ayuda a entender cómo se construyó una figura pública que normalizaba dinámicas de poder desbalanceadas. No prueban nada, pero sí contextualizan un patrón de discurso que hoy resulta incómodo.
Durante muchos años, la figura del “mujeriego encantador” no solo se permitía: se celebraba. La televisión y la prensa del corazón reforzaban ese personaje. Iglesias incluso tenía gestos que hoy serían cuestionados, como pedir a periodistas que se sentaran junto a él de maneras que ahora se considerarían inapropiadas. En aquel entonces, más de una aceptó porque el contexto mediático lo permitía y porque decir que no podía significar perder acceso o visibilidad. La industria estaba construida alrededor del encanto del famoso, no de los límites profesionales.
Con el tiempo, varias mujeres han contado experiencias que hoy se leen de manera distinta. Verónica Castro, por ejemplo, relató en una conversación televisiva que en una ocasión Julio Iglesias tuvo gestos de cercanía física que la tomaron por sorpresa y que no fueron de su agrado. En su momento, esa anécdota se contó como algo ligero, casi humorístico, porque así funcionaba la televisión de aquellos años: lo que incomodaba se disfrazaba de picardía.
Hoy, muchos de los videos de archivo donde Iglesias aparece rodeado de las conductoras más famosas y bellas de la época generan incomodidad. Lo que antes se veía como un juego televisivo o parte del espectáculo, ahora provoca molestia y rechazo. No es que el público haya perdido sentido del humor: es que la mirada social cambió. La permisividad de entonces ya no encaja en una sociedad que aprendió a nombrar límites y a reconocer dinámicas de poder que antes se normalizaban.
La diferencia entre entonces y ahora es profunda. Hoy existe un lenguaje social que permite hablar de consentimiento, límites y responsabilidad. La audiencia también cambió: ya no se celebra automáticamente al “conquistador irresistible”, sino que se cuestiona qué había detrás de esa narrativa y cómo afectaba a quienes trabajaban alrededor de esas figuras. Lo que antes se veía como parte del glamour, hoy se revisa con una mirada más consciente.
El caso de Julio Iglesias es un espejo de esa transición. Lo que antes se celebraba sin cuestionar, hoy se analiza con lupa. Y esa revisión no solo habla de él, sino de todos los sistemas que permitieron que ese tipo de conductas se vieran como parte del espectáculo. La conversación actual no busca reescribir la historia, sino entenderla con los ojos de un tiempo que ya no normaliza lo que antes se aplaudía sin pensar.
El caso apenas comienza, y será la justicia quien determine responsabilidades. Pero más allá del proceso legal, lo que ya cambió es la lectura pública de su figura. Julio Iglesias, durante décadas protegido por el brillo del glamour y por una industria que celebraba sin cuestionar al “conquistador irresistible”, enfrenta ahora un escrutinio que no existía en la época que lo consagró. Aquella frase de las “miles de mujeres”, que él usaba como medalla, hoy funciona como símbolo de un tiempo que ya no existe. Un recordatorio de cómo la cultura —y la propia industria del entretenimiento— podían convertir a un ídolo en un personaje intocable. Hoy, esa misma industria y el público miran con otros ojos. Y quizá ahí está la verdadera historia: no solo lo que se investiga, sino lo que revela sobre un mundo que cambió… y sobre un artista que, por primera vez, ya no puede refugiarse en el mito que él mismo creó.
*Este texto fue revisado por una inteligencia artiicial (IA).
Imagen: Vaitiare Bandera, ex pareja de Julio Iglesias a los 17 años /programa De Viernes
