
Gloria Trevi y Raquenel: el reencuentro que sorprendió en Los Ángeles
1 marzo, 2026
• Con una dosis extraordinaria de música que no caduca, Rocío Banquells, Denise De Kalafe, Manoella Torres, María del Sol y María Conchita Alonso ofrecen una velada mágica en la Arena Monterrey.
Monterrey, Nuevo León.–Por Vicente Guerrero
La noche se pintó de despecho, pero del bueno, y es que el concepto “Despechadas Tour: De mujer a mujer” aterrizó con el aplomo emocional que solo las grandes instituciones de la balada pueden convocar.
Ante un público mayoritariamente adulto que llenó la Arena Monterrey con ganas de revivir los grandes himnos de las décadas de oro, el espectáculo no solo fue un despliegue de éxitos, sino un íntimo confesionario de anécdotas y sentimientos a flor de piel.
La música que no tiene vigencia y llegó para quedarse en el corazón de los mexicanos por generaciones, interpretada por Manoella Torres, Rocío Banquells, María del Sol, Denise De Kalafe y María Conchita Alonso, logró una conexión vital entre público e intérpretes.
Y en medio de ello, las anécdotas, la camaradería, el buen ambiente entre las cantantes y un público ávido de disfrutar, se sucedió la magia que solo se despliega en un espectáculo musical en vivo.
Fue De Kalafe quien pudo ser identificada como la “suegra de la noche”, porque protagonizó uno de los momentos más pintorescos y que desató las risas y la complicidad del público.
La cantautora brasileña-mexicana no solo deleitó con su pluma y voz, sino que se llevó la sorpresa de ser llamada “¡suegra!” por la audiencia.
El motivo: su hijo apareció en escena para asistirla con el vestuario y documentar cada momento con su cámara. La química familiar sobre el escenario le dio un toque de calidez único a su segmento.
La carga emotiva estuvo a la orden de la noche, pues las protagonistas abrieron su corazón para recordar a quienes están y quienes ya no están.
Banquells mostró su faceta más vulnerable, porque lejos de la imagen de “leona” de los escenarios y de villana (en una parte del show, cuando interpretó “Ese hombre no se toca”, aparecieron en la pantalla gigante escenas de las telenovelas en que ella fue la mala de la historia), se conmovió profundamente al dedicar una melodía a su hermano, Juan Banquells, logrando que el público compartiera su sentimiento.
María del Sol, en una línea similar, mezcló la potencia de su voz con la nostalgia al recordar a su madre, la gran actriz Josefina Echánove, y a su hermano Alonso Echánove, reafirmando que el talento corre por las venas de su estirpe.
Una mención aparte merece Manoella Torres, porque pese a manifestar algunas molestias en la garganta, la llamada “Mujer que nació para cantar” hizo honor a su apodo.
Su voz, descrita por varias generaciones como cristalina y emotivamente perfecta, no aminoró, lo que demostró por qué sigue siendo un referente técnico y emocional de la música en español.
Quien dio la sorpresa de la noche fue la siempre vibrante María Conchita Alonso, que desplegó su energía y aprovechó el encuentro para soltar una primicia que puso a bailar a más de uno: la grabación de nuevo material musical en colaboración con la legendaria La Sonora Santanera.
Al final, como muestra del talento interpretativo de las cinco mujeres, todas llenaron con su voz el escenario de la Arena Monterrey con un segmento en el que la música del mariachi selló en grande este reencuentro con la audiencia de Nuevo León.

