
La Cotorrisa anuncia película con director de “Señora Influencer”
8 enero, 2026
Conan O’Brien llegó a los Oscar decidido a dinamitar la solemnidad. Su monólogo inicial fue un festival de ironías que transformó la ceremonia en un auténtico stand-up. El blanco más sabroso fue Timothée Chalamet, protagonista de Marty Supreme, convertido en el chiste recurrente de la noche. “La seguridad en los Oscars está muy estricta esta noche. Se nos dijo que se esperan ataques de representantes de la ópera y el ballet (…). Solo están enojados de que dejaste afuera al jazz”, lanzó el presentador con sarcasmo. La cámara captó a Chalamet sonriendo, consciente de que ya era el meme oficial de la gala.
El gag no fue improvisado, sino que retomaba una polémica reciente. Semanas antes, Chalamet había declarado en entrevistas que no quería trabajar en ballet u ópera porque “nadie se interesa ya en eso”, lo que provocó la reacción de las comunidades artísticas. O’Brien capitalizó esa controversia y la convirtió en el chiste viral de la noche.
El humor corrosivo no se detuvo ahí. O’Brien se burló de Ted Sarandos insinuando que era su primera vez en un cine, y hasta imaginó un Oscar paralelo conducido por Kid Rock en un Dave & Buster’s. Cada línea era un dardo que desarmaba la pompa del evento y lo convertía en espectáculo de sátira.
Y como si fuera poco, más tarde O’Brien regresó con un performance inesperado: apareció en escena “ganando” un Oscar él mismo, levantando la estatuilla con exagerada emoción, para luego hilar la broma con una alusión directa a la ópera. El gag cerró el círculo de su sátira inicial, reforzando la idea de que la ceremonia estaba tan abierta a la comedia como a la pompa.
El resultado fue un inicio de gala que quedará en la memoria por su tono ácido y juguetón, con Chalamet como protagonista involuntario y O’Brien como maestro de ceremonias que convirtió la ópera, el ballet y hasta el jazz en material de carcajadas.
*Este texto fue revisado por una inteligencia artificial (IA).


