
Aleks Syntek: regaño a su público y crítica a Bad Bunny
16 septiembre, 2026
No hubo comunicado, no hubo abogados, no hubo video de disculpa pública. Paola Rojas resolvió todo con tres frases dichas en Monterrey, con el micrófono de la prensa encendido y sin una sola palabra de rencor.
“Aleks fue muy claro, fue incluso muy cariñoso conmigo. Le agradezco que me haya buscado”, dijo la periodista. Y remató: “Y yo en serio, de corazón, lo perdoné”.
Con eso dio por terminado un pleito que llevaba una semana ocupando titulares.
El perdón, según su propio relato
Paola contó que Aleks Syntek la buscó por iniciativa propia, sin presiones externas, y que la conversación fue directa. Según su versión, él le dijo tres cosas:
“Te ofrezco una disculpa de corazón, me equivoqué, no quería dañarte, sino defenderte, y ya entendí”.
La respuesta de ella fue la de alguien que ya tenía claro qué quería y qué no:
“A ver, yo lo que quiero es que el tema ya no se toque más, ni para bien ni para mal. Basta”, relató. Y él aceptó: “Me dijo: te doy toda la razón, te ofrezco una disculpa de corazón y no vuelvo a hablar del tema”.
Hay una concesión importante en el perdón de Paola: ella no dice que Syntek sea una mala persona, solo habla del episodio.
“Me queda claro que su intención no era afectarme ni tampoco afectar a mi familia; simplemente se equivocó. Todos nos hemos equivocado.”
Cómo empezó todo
El origen fue un live. El 20 de septiembre, en una de sus transmisiones, Syntek tocó el tema del video íntimo de Luis Roberto Alves “Zague” y la involucró en una frase que Paola no estaba dispuesta a dejar pasar: “Paola Rojas tiene la culpa de lo que hizo Zague”.
La respuesta de ella fue una línea corta que se volvió tendencia en menos de un día: “Que conmigo no se meta”.
Dos días después se supo que el cantante la había buscado para disculparse, y el 24 de septiembre, en Monterrey, durante la presentación del libro Renacer de las Cenizas, Paola confirmó el perdón y explicó por qué ese episodio no era un tema menor.
“No salí tan bien librada”
Aquí está la parte que explica todo lo demás.
Paola fue explícita sobre el costo del episodio original, el de 2018, cuando se filtró el video íntimo de su entonces pareja y ella quedó expuesta a una ola de violencia digital que describió como un “abuso masivo”. Siete años después, el saldo sigue siendo el mismo en su voz:
“La afectación en lo personal y en lo familiar, hasta en la salud física, fue muy brutal. Entonces, no, no salí tan bien librada. Fue espantoso. Por eso no quiero que se repita.”
El detalle es contundente: hasta en la salud física. No es un episodio que le dolió hace años; es un episodio que le dolió en el cuerpo.
Para dimensionar lo que está pidiendo, hay que volver a 2018. Ella quedó en el centro de una ola de violencia digital que describió con dos frases: “un abuso masivo” y “fue como si abrieran la puerta de mi intimidad”. No fue ella quien grabó el video ni quien lo difundió, pero durante semanas se habló de su vida privada como si fuera material público.
Eso es lo que no quiere que se repita. No pide que se olvide: pide que no vuelva.
El mensaje que no era solo para Syntek
La parte más contundente de sus declaraciones no habla de Aleks Syntek, sino de todos los demás.
Paola pidió que no se reviva un episodio que ya dañó lo suficiente a su familia, y aclaró que su reclamo aplica “a quien sea que se le ocurra que puede ser divertido en un stand up, en un meme o en una parodia”.
“Hay a quien le pueda parecer chistoso, pero para nosotros fue brutalmente doloroso. Lo que pido es eso: un poco de empatía y que traten de ver que lo que para unos es un chiste, para otros es un dolor profundo.”
También dejó claro desde dónde hablaba, porque sabe que a una figura pública se le exige aguantar:
“Es muy importante, respetuosamente, establecer límites. Y si bien reconozco que soy una figura pública, me parece que por encima de eso tiene que haber siempre respeto.”
Lo que no pidió
Vale registrar lo que no hizo, porque ahí está la otra mitad del mensaje.
No pidió una disculpa pública. No llevó el tema a su propio programa, donde tiene el micrófono más cómodo de la televisión mexicana. No pidió que lo sacaran del aire, ni que una televisora lo castigara, ni que alguien perdiera el trabajo. No hubo comunicado, no hubo abogados, no hubo condiciones para aceptar las disculpas.
Tampoco convirtió el perdón en una lección para el público. Cuando le preguntaron, habló de ella: de su familia, de su salud, de los límites que le toca poner.
En una industria donde los pleitos se cobran en rating y seguidores, ella eligió no cobrar nada. El perdón, en su versión, no es una victoria sobre el otro: es la manera de recuperar el derecho a que no se hable de su vida.
Lo que el perdón significa aquí
Paola no pidió castigo. No pidió disculpa pública, ni sanciones, ni que la cadena lo llamara a cuentas. Pidió una sola cosa, dicha sin adornos: que el tema no se toque más, “ni para bien ni para mal”.
Eso distingue el perdón del olvido. Ella no borró lo que pasó; decidió que no le iba a dedicar un minuto más.
Y remató con una idea que explica su decisión mejor que cualquier análisis:
“La palabra debe usarse para eso: para conciliar, reconciliar, para aprender y perdonar. Y en ese camino estamos.”
Mientras Syntek sigue sumando capítulos a su propia crisis —el live, la foto sin el postizo, la gira, el boleto a Inglaterra—, Paola Rojas hizo lo contrario: cerró el suyo en una frase. En una semana, los nombres de ambos volvieron a aparecer en los mismos titulares, pero solo uno salió de ahí con la puerta cerrada.
*Este texto fue revisado por una inteligencia artificial (IA).

